Una tarde con Albert Alcaraz

A mediados de julio, en Alicante, la tierra de Albert Alcaraz Ivorra, el calor es el tema predominante entre la gente que se saluda. Pero esta joven promesa del tenis español recuerda un escenario aún más abrumador. En agosto del verano pasado, Albert compitió en China y las pelotas eran bolas de fuego.

Hoy jugamos en tierra, pero el máximo esplendor de la elegancia del tenis se celebra cada año en Wimbledon. Albert participó en la competición junior de este campeonato y aprendió que allí el blanco, incluso para entrenar, tenía que ser indiscutible y absoluto, como una religión. Sin darnos cuenta, con la excusa del color predominante en su total look de Praibeit, ya hemos hablado de viajes. El joven tenista lleva desde los 12 años saliendo de casa y desde los 17 pasando la mitad del año fuera. Así que sus amigos coinciden con sus rivales cuando destacan una virtud: la fortaleza mental.

Fuera de la pista, Albert es un chico sencillo al que le gusta estar con la familia, salir a dar un paseo con su chica e irse pronto a la cama para soñar leyendo la autobiografía de algún deportista. Dentro es un luchador incesable con el que hay que llevar cuidado cuando estira su 1, 91 de altura en cada saque o cuando vuelca el peso de su envergadura para empalar una derecha. Así ha ganado dos veces el Campeonato de España y ha sido Campeón del Mundo por equipos.

Albert ha competido en dos ediciones de Roland Garros, aunque hoy su rol encima de la tierra batida es muy diferente. Sin embargo, está cómodo ante la cámara, pero no puede dejar de mirar la pista de al lado, en la que están jugando a eso que Albert entrega su vida. El despertador suena a las 7:30; desayuna, entrena, come, descansa y vuelve a entrenar.

Cuando terminamos la sesión de fotos, nos sentamos y charlamos por primera vez sobre tenis. Sus favoritos, Ferrer y Nadal. Sobre el primero transmite una admiración tangible, como una ilusión que se toma en serio. Sobre el segundo, arquea las cejas, encoge los hombros y pone las palmas de las manos hacia arriba indicando un nivel inexplicable, utópico pero alcanzado, sobrenatural pero humano.

Albert define el momentum como el instante del partido que es decisivo aunque no lo parezca. Borges dice que todo viaje, por largo y complicado que sea, se compone de un sólo instante: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es. Cuando nos despedimos de Albert Alcaraz Ivorra vemos que ya tiene las maletas hechas en la parte de atrás del coche, preparadas para su próximo destino y llenas de raquetas.

 

Agradecimiento al Club de Tenis-Pádel, especialmente a Juan Gutiérrez.

Albert viste polo básico blanco, bermuda a juego, cinturón azul marino y alpargatas de praibeit.com.

Un reportaje de Roberto Ruiz.